¿Qué es la robótica?
Desde siempre, las personas han inventado
mecanismos y desarrollado tecnologías que les permitieran traspasar los límites
de sus capacidades. Asimismo, fantaseaban con la idea de jugar a ser
Dios y crear seres a su imagen y semejanza. El
enorme progreso en ingeniería, electrónica e informática lo está haciendo
posible. Aquí, allá... en todas partes. Los robots están entre nosotros.
La
robótica es la ciencia que estudia el diseño y la implementación de robots,
conjugando múltiples disciplinas, como la mecánica, la electrónica, la informática, la
inteligencia artificial y la ingeniería de control, entre otras.
Para definirlo en términos generales, un robot es una máquina
automática o autónoma que posee cierto grado de inteligencia, capaz de percibir
su entorno y de imitar determinados comportamientos del ser humano.
Los robots se utilizan para desempeñar labores riesgosas o que requieren de una
fuerza, velocidad o precisión que está fuera de nuestro alcance. También existen
robots cuya finalidad es social o lúdica.
Robots, ¿dónde?, ¿para qué?
Los
robots se usan en diversos ámbitos y para cumplir tareas variadas: desde los brazos robóticos
utilizados en la industria automotriz hasta el novedoso sistema quirúrgico Da
Vinci, que permite practicar cirugías de alta complejidad poco invasivas y con
una precisión sin precedentes; desde los robots espaciales diseñados para
explorar la superficie de planetas desconocidos hasta la aspiradora doméstica
Roomba, que realiza la limpieza de manera autónoma, o el Nano
Air Vehicle (NAV), también llamado nanocolibrí, un pájaro
utilizado para espionaje militar. Pero quizá
los más llamativos sean los androides, que imitan la morfología, el
comportamiento y el movimiento de los seres humanos. Uno de los
más conocidos en la actualidad es ASIMO, pensado para llevar a cabo labores
asistenciales y sociales. Aunque se encuentra en una etapa experimental, ASIMO
es capaz de caminar o subir escaleras por sí solo.
La robótica viene de antiguo
Desde siempre, las personas han querido desarrollar
seres animados con diferentes fines. Este deseo de dar vida, conjugado con el
progreso mecánico, científico, tecnológico y electrónico a lo largo de la
historia, dio lugar a la creación de los autómatas, máquinas que imitan la figura y
los movimientos de un ser animado, antecedente directo de los robots.
Los primeros autómatas se remontan a la
Antigüedad: egipcios
y griegos fueron pioneros en
el desarrollo de la mecánica y la ingeniería. Conocían y utilizaban a la
perfección principios mecánicos como la rueda, el eje, la cuña, la palanca, el
engranaje, la rosca y la polea, elementos que constituyen la base de muchos
mecanismos empleados en la actualidad. Tenían también un profundo conocimiento
de hidráulica y neumática, que usaban para dar movimiento a algunas estatuas.
En el siglo I d. C., Herón de Alejandría
escribió el primer tratado de robótica, Los autómatas, y creó los primeros
autómatas: el teodolito, un aparato que medía ángulos, distancias y desniveles,
y el odómetro, que medía distancias recorridas.
Siguen los inventos: un poco de historia
Durante la Edad Media, dos personajes se destacaron por
sus invenciones. Alberto
Magno (1206-1280)
creó un autómata de hierro que le servía como mayordomo —podía caminar, abrir
puertas y comunicarse con los invitados—, y una cabeza parlante que predecía el
futuro. Al-Jazari,
uno de los más grandes ingenieros de la historia, inventó un reloj elefante,
con seres humanos y animales mecánicos.
El Renacimiento fue un período rico en
pensadores e invenciones. El enorme interés por la investigación en el campo de
las ciencias que explican el mundo y al ser humano impulsó el desarrollo de
espectaculares maquinarias.
Leonardo Da Vinci (1452-1519),
quizás el más grande inventor de todos los tiempos, creó, entre otras, la
máquina de volar.
El matemático y filósofo Blas Pascal (1623-1662), un destacado
representante del racionalismo, inventó la primera máquina de calcular. Durante
la misma época, la corriente de pensamiento de René Descartes (1596-1650) se sostuvo en el postulado
de que todo se explica a través de las matemáticas. También tomó al ser humano
como referente y antecesor primero de toda maquinaria.
Por su parte, el ingeniero e inventor Jacques de Vaucanson (1709-1782) creó un pato artificial
que movía las alas y realizaba el proceso digestivo completo, y dos músicos
autómatas: El flautista y El tamborilero, que podían tocar un amplio repertorio
musical.
Adiós, optimismo, adiós
Hasta el siglo XVIII, se había instalado cierto
optimismo respecto del bienestar y progreso socioeconómicos que el desarrollo
de las maquinarias traería aparejado. Sin embargo, a partir de la Revolución
Industrial, los aspectos positivos asociados a este paradigma
comienzan a ser cuestionados: las
máquinas empiezan a reemplazar —y ya no tanto a aliviar— la mano de obra.
También el medioambiente se ve notablemente perjudicado, pues este nuevo modelo
económico requiere de la explotación de recursos naturales para sostenerse.
En 1929, con la crisis mundial derivada de la
caída de Wall Street, la sociedad se vuelve pesimista y es cada vez más crítica
respecto del avance tecnológico y el sistema industrial. Además, la Primera y
la Segunda Guerra Mundial ponen de manifiesto el carácter destructivo que se da
al uso de la tecnología.
¿Evolución científica o control social?
En
la actualidad, las opiniones están encontradas y el espectro es muy amplio: desde las sociedades
consumistas, adictas al uso de artefactos que parecieran cumplir infinitas
funciones, hasta la tendencia a volver a las viejas costumbres, como promueven
los impulsores de la vida lenta o slow-life.
La situación es compleja: por un lado, tenemos la sensación de que la evolución tecnológica cumplirá todos nuestros deseos; por el otro, nos produce sentimientos de control social o de dependencia absoluta, algo por completo ajeno al deseo humano.
La situación es compleja: por un lado, tenemos la sensación de que la evolución tecnológica cumplirá todos nuestros deseos; por el otro, nos produce sentimientos de control social o de dependencia absoluta, algo por completo ajeno al deseo humano.
La robótica juega un papel central dentro del
campo de las investigaciones científicas. Sus objetivos actuales son obtener
prototipos que nos asistan, alivien nuestras labores y nos brinden una
agradable compañía. Hasta acá, el desarrollo de estos experimentos parecería
propiciar el bienestar social.
No obstante, el vertiginoso avance de la
ciencia y la tecnología obliga a cuestionarse los límites de los resultados
alcanzados. Aunque no se pueda establecer con certeza qué curso se dará a los
alcances de la investigación, cabe preguntarse: ¿hasta qué punto será útil que
los robots desempeñen las tareas de los humanos? ¿En qué momento este soporte
se transforma en la anulación de las personas y sus funciones básicas? ¿De qué manera se podrían encauzar las
actividades científicas para garantizar el bienestar de las personas y evitar
el control de sus actos?

BIBLIOGRAFIA
Por supuesto compañero, las personas han inventado mecanismos y desarrollado tecnologías que les permitieran traspasar los límites de sus capacidades. Asimismo, fantaseaban con la idea de jugar a ser Dios y crear seres a su imagen y semejanza. El enorme progreso en ingeniería, electrónica e informática lo está haciendo posible. Aquí, allá... en todas partes. Los robots están entre nosotros, o quizá somos nosotros.................................................................................................................................................................el wicho.........................................................
ResponderEliminarPor supuesto compañero, las personas han inventado mecanismos y desarrollado tecnologías que les permitieran traspasar los límites de sus capacidades. Asimismo, fantaseaban con la idea de jugar a ser Dios y crear seres a su imagen y semejanza. El enorme progreso en ingeniería, electrónica e informática lo está haciendo posible. Aquí, allá... en todas partes. Los robots están entre nosotros, o quizá somos nosotros.................................................................................................................................................................el wicho.........................................................
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